Cuidar a quien sostiene la escuela

No hace falta inventar nada nuevo: el Estado ya tiene la capacidad instalada en Salud Pública. Lo que falta es ponerla a andar, de forma permanente, para la salud de todo el personal educativo.

Por: Víctor Martír

Hablamos mucho de lo que la escuela necesita: aulas, libros, tecnología, desayuno. Rara vez nos detenemos a preguntar cómo está la gente que la hace funcionar. Y, sin embargo, detrás de cada salón hay una persona que se cansa, que a veces se enferma y que carga en silencio con sus propias preocupaciones. Maestros, directores, personal de apoyo. Hemos normalizado que el educador aguante, pase lo que pase, como si su salud fuera un asunto solo suyo y no del sistema que sostiene con el cuerpo y con el ánimo.

La tercera propuesta de nuestra agenda mira justamente ahí. Y qué mejor dia para ponerla a disposición de todos, hoy, 30 de junio, día del Maestro, la llamamos Sistema Nacional de Vigilancia Integral de la Salud del Personal Educativo, el SINAVISE-RD: un sistema para vigilar y proteger, de manera seria y permanente, la salud física y mental de todos los que hacemos la escuela.

Y aquí está la mejor noticia, lo mejor de todo, lo que debería hacer más fácil tomar esta decisión por parte de las autoridades: no estamos pidiendo inventar nada desde cero. El Estado ya tiene la capacidad instalada. El Ministerio de Salud Pública cuenta con la red, el personal, los programas y la experiencia para cuidar la salud de grandes poblaciones; lo hace todos los días, a lo largo y ancho del país. Lo que falta no es construir un sistema de salud nuevo, sino orientar esa capacidad que ya existe, de forma organizada y permanente, hacia las personas que trabajan en la educación.

En la práctica, esto significa poner en marcha programas permanentes de inventario de salud del personal educativo. Es decir: conocer, con regularidad y con seriedad, el estado real de salud de quienes hacemos la escuela. Chequeos periódicos, una ficha de salud que se mantenga al día, detección temprana de lo que se puede prevenir y atención al desgaste mental que dejan tantos años de entrega y que casi nadie mide. No una campaña de una sola vez para la foto, sino una rutina constante, como cuida a su gente cualquier institución responsable. Y para todos, sin excepción: desde el maestro rural hasta el director, desde el personal de apoyo hasta el equipo técnico de un distrito, regional o la sede.

Lo difícil, entonces, no son los medios; es la decisión de coordinarlos. Por eso el SINAVISE propone una manera clara de trabajar juntos entre Educación y Salud Pública, para que esto deje de depender de la buena voluntad aislada y se convierta en una política permanente. Cuando dos instituciones que ya existen deciden mirar en la misma dirección, lo que parecía costoso resulta, sobre todo, una cuestión de organización y de voluntad.

Y el asunto importa más de lo que parece. Un educador agotado o enfermo es una ausencia frente a los niños, una clase que pierde continuidad, una calidad que se erosiona en silencio. Cuidar la salud de quien enseña es, al final, cuidar a quien aprende. Un país que les pide tanto a sus educadores les debe, por lo menos, saber cómo están y estar presente cuando lo necesiten.

Defendemos esta propuesta en las consultas con un argumento sencillo: es una de las más alcanzables de toda nuestra agenda, porque el país ya tiene las herramientas; solo necesita decidir usarlas a favor de quienes sostienen sus escuelas. En el próximo artículo hablaré de la cuarta propuesta, la que busca que ningún niño se nos quede fuera.

Sobre el autor:

Víctor Martír, es docente universitario y Director del Centro educativo Anibal Ponce, con màs de 20 años de experiencia. Es actual Presidente de la Asociación Nacional de Directores de Centros Educativos de la República Dominicana (ASONADEDI-RD).


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