Las capacidades ya están instaladas y la ley ya lo manda. Lo que falta es asumir, de manera integral y organizada, el seguimiento diario de cada niño. Es cumplir, en la escuela, lo que el país ya prometió.
Por: Víctor Martír
En cada escuela hay un asiento que empieza a quedar vacío. Primero es una ausencia, luego varias, y después un nombre que dejamos de escuchar al pasar lista. Detrás de ese asiento vacío casi siempre hay una historia: un trabajo que apareció demasiado pronto, una casa difícil, un camino que se volvió peligroso, un desánimo que nadie notó a tiempo. El director y el maestro lo vemos venir; lo que no siempre tenemos es una manera de actuar a tiempo y de no hacerlo solos.
De ahí nace la cuarta propuesta de nuestra agenda. La llamamos Programa Nacional de Acompañamiento Escolar, con un sistema de alerta temprana, en coordinación con el CONANI. Su propósito es sencillo y urgente: que ningún niño se nos quede fuera, y que el derecho a estudiar deje de depender de la suerte.
Y aquí, igual que con la salud de nuestro personal, lo más importante es esto: no hace falta inventar las instituciones ni inventar la obligación, porque ya existen. El Estado dominicano creó, mediante la Ley 136-03, el Código para los derechos de los niños, niñas y adolescentes, y con él todo un sistema de protección con el CONANI a la cabeza. El deber de proteger a la niñez, de mantenerla en la escuela y de actuar cuando sus derechos están en riesgo, ya está escrito y ya es ley. Lo que ha faltado es asumirlo de manera integral y organizada, día por día, dentro de la escuela.
Permítanme ser muy explícito sobre lo que proponemos, porque la idea solo sirve si es concreta. El PRONAE convertiría ese deber legal en una rutina diaria y estructurada. En la práctica: cada escuela mantendría la mirada atenta sobre las señales de alerta, las ausencias que empiezan a repetirse, la caída repentina en el rendimiento, el niño que se aísla o que da indicios de una situación difícil en su hogar. Esas señales no se quedarían en la memoria de un maestro; quedarían registradas y activarían una respuesta clara. El caso se referiría y se le daría seguimiento junto a la familia, al CONANI y a los organismos de protección que la propia ley ya contempla, cada uno cumpliendo su parte.
Y este es el corazón del asunto: no sería una reacción de una sola vez, sino un acompañamiento continuo y estructurado. Un responsable, una ruta que seguir, fechas y un registro que nos permita saber si el niño volvió y si se está quedando. No buena voluntad dispersa aquí y allá, sino una rutina organizada, la misma en cada escuela del país. Eso es lo que hoy no tenemos, y eso es, exactamente, lo que proponemos construir sobre lo que ya existe.
Aquí el papel del CONANI es decisivo, y lo decimos con respeto: proteger a la niñez es su mandato, y la Ley 136-03 ya se lo encomienda. El PRONAE no le agrega una carga nueva; le ofrece una manera concreta de cumplir lo que ya está establecido. Lo operativiza. Porque un derecho escrito en un código, pero no acompañado cada día en la escuela, sigue siendo, para muchos niños, una promesa hermosa que nunca les llega.
Hay algo más, y como institución nos importa decirlo. Llevar esta propuesta a las consultas es una señal real de que los directores nos estamos organizando para cumplirle a la sociedad en dos frentes a la vez: la calidad de la educación y la protección de nuestros niños, niñas y adolescentes. No son cosas separadas. Un niño solo aprende si está en la escuela, y solo permanece en la escuela si alguien vela por él. La calidad educativa y la protección de nuestra niñez caminan juntas, o no caminan. Defenderemos el PRONAE con la convicción de quienes hemos visto demasiados asientos vacíos. Las capacidades están instaladas, la ley está escrita, el deber es claro; lo que proponemos es organizarnos, por fin, para cumplirlo todos los días. En el próximo artículo hablaré de la quinta propuesta: abrirle la puerta de la escuela, de verdad, a las familias.
Sobre el autor:
Víctor Martír, es docente universitario y Director del Centro educativo Anibal Ponce, con màs de 20 años de experiencia. Es actual Presidente de la Asociación Nacional de Directores de Centros Educativos de la República Dominicana (ASONADEDI-RD).


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