Sembrar al maestro que necesitamos

Tenemos cuatro manuales operativos que reconocen que no todos los centros son iguales, y hoy no están vigentes. Y nos falta algo mayor: centros de excelencia que formen, desde el bachillerato, a los maestros que el país necesita. Último de la serie.

Por: Víctor Martir

Quien dirige una escuela sabe que no hay dos iguales. Un centro de Nivel Inicial no se parece a un politécnico, ni una escuela que abre de noche para adultos que vuelven a estudiar se parece a un centro de Educación Especial. Y, sin embargo, durante años hemos administrado toda esa diversidad con un solo manual, el mismo para todos.

Lo llamativo es que el país ya resolvió ese problema, al menos sobre el papel. El propio Ministerio de Educación, a través de su Viceministerio de Planificación y Desarrollo Educativo, elaboró y publicó cuatro manuales operativos que sí reconocen esa diversidad. Los hemos estudiado, y vale la pena que el país sepa que existen. (Leer aquí)

Los manuales Operativos que ya existen

El Manual Operativo de Centro Educativo Público de Inicial, Primaria y Secundaria (Modalidad Académica) ordena la vida del centro donde estudia la mayoría de nuestros niños y jóvenes: qué es el centro educativo, cómo se gestiona con calidad, cómo se estructura y cómo participan sus actores.

El Manual Operativo de las Modalidades Técnico Profesional y en Artes atiende a los politécnicos y a los centros de artes, donde la formación se cruza con talleres, laboratorios, prácticas y vínculo con el sector productivo. Una realidad que ningún manual general alcanza a describir bien.

El Manual Operativo del Subsistema de Educación para Jóvenes y Adultos habla de una escuela distinta: la que recibe, muchas veces de noche, a quien regresa a estudiar después de años de ausencia, con otra organización del tiempo y otra manera de acompañar.

Y el Manual Operativo de Centro Educativo Público de Educación Especial reconoce la realidad de los centros que atienden a estudiantes con necesidades específicas de apoyo, donde el equipo, los tiempos y los procesos no se parecen a los de ninguna otra escuela.

Los cuatro comparten una misma arquitectura y cada uno la traduce a su realidad. Es, exactamente, lo que venimos pidiendo. Y, sin embargo, hoy NO están en vigencia: lo que rige sigue siendo un manual único y general. No entro a discutir las razones; me limito a señalar lo evidente. Hay un trabajo técnico serio, ya hecho y pagado con recursos públicos, que podría estar mejorando la gestión de miles de centros y no lo está. Ponerlo en vigencia, actualizarlo y completarlo con la mirada de quienes dirigimos sería una de las decisiones más económicas y más rentables que el sistema puede tomar hoy.

Pero quiero ir más lejos, porque este artículo tiene un propósito mayor. Reconocer que cada realidad educativa necesita su propia respuesta conduce a una idea que el país ya ha probado en otro terreno: los centros de excelencia. Los Centros de Excelencia Deportiva que hoy funcionan en la República Dominicana demuestran que, cuando el Estado decide concentrar talento, formación especializada y acompañamiento en un mismo lugar, los resultados aparecen. Hemos sabido hacerlo para formar atletas.

La pregunta, entonces, se cae de madura: ¿por qué no lo hacemos para formar a nuestros maestros también?

Propongo la creación de los Centros de Excelencia Pedagógica: al menos un politécnico en cada una de las 18 regionales del país, dedicado a formar, desde el segundo ciclo del bachillerato, a los jóvenes que quieren dedicar su vida a enseñar.

La idea es sencilla y poderosa. Hoy, un muchacho que decide estudiar Educación llega a la universidad prácticamente desde cero, con la misma preparación que traía de un bachillerato pensado para cualquier otra cosa. Con estos centros, el joven que a los quince o dieciséis años descubre su vocación docente encontraría un bachillerato que la cultiva: fundamentos pedagógicos, dominio de la lengua y del razonamiento, práctica temprana en aulas reales y contacto con la escuela desde adentro. Llegaría a la universidad con una base que hoy nadie le da, y saldría de ella siendo un docente de excelencia desde joven.

Estos centros deben tener condiciones claras de ingreso, incluido un promedio académico por encima de la media, porque la excelencia se exige y se demuestra. Y, a cambio, el Estado debe garantizar lo que corresponde: beca, formación de calidad y beneficios que conviertan esta opción en algo deseable. Que estudiar para maestro deje de ser el último recurso de quien no encontró otra cosa y pase a ser la elección consciente de los mejores.

Y aquí quiero ser muy claro, porque en otro artículo defendí que hay que dar más a quien más necesita. Esto no contradice aquello; lo completa, siempre que se haga bien. Uno en cada regional significa uno también en las regionales más pobres y en las fronterizas, no tres en la capital y ninguno en la frontera. Y significa que el sistema debe tender puentes para que el talento de las escuelas rurales, de las unitarias y de los barrios vulnerables pueda competir por esos cupos en condiciones justas, con preparación previa y acompañamiento. Excelencia con la puerta abierta, no excelencia para los de siempre.

Vista en conjunto, esta propuesta completa una arquitectura. Un instituto independiente que defina y evalúe qué es calidad. Un sistema nacional que forme y acompañe a quien dirige la escuela. Y unos centros que formen, desde muy temprano, a quien va a enseñar en ella. Calidad, liderazgo y vocación, sembrados a tiempo. Un país que quiere buenos maestros tiene que empezar a formarlos antes de la universidad, y hacerlo con la misma seriedad con que forma a sus atletas. Los manuales que hoy duermen y los centros de excelencia que todavía no existen tienen algo en común: ambos dependen de una decisión. Nosotros ya tomamos la nuestra, que es proponerlo, sostenerlo y no cansarnos de repetirlo.

Sobre el autor:

Víctor Martír, es docente universitario y Director del Centro educativo Anibal Ponce, con màs de 20 años de experiencia. Es actual Presidente de la Asociación Nacional de Directores de Centros Educativos de la República Dominicana (ASONADEDI-RD).


Comentarios

Una respuesta a «Sembrar al maestro que necesitamos»

  1. Avatar de Angela Mateo
    Angela Mateo

    Mi Presidente siempre tan atinado y preocupado por el mejoramiento de nuestra educaciòn Para que los procesos Sean alineados respetando las normativas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *