Por Carlos Manuel Francisco
Presidente Nacional de ASONADEDI-RD
Dirigir un centro educativo en estos tiempos exige mucho más que administrar recursos, organizar procesos pedagógicos o garantizar el cumplimiento de las normativas. Requiere construir relaciones humanas sólidas y comprender que ninguna escuela puede desarrollar plenamente su misión de espaldas a las familias y a la comunidad a la que pertenece.
Como directores, pero también como padres y madres, conocemos esa realidad desde ambos lados.
Nosotros también nos vemos obligados a dejar a nuestros hijos bajo la responsabilidad de otros maestros, coordinadores, orientadores y directores. También tenemos jornadas laborales exigentes y sabemos que, aun queriendo participar, muchas veces resulta difícil asistir a una reunión convocada por la escuela durante el horario de trabajo.
Esta experiencia debe ayudarnos a desarrollar una mirada más empática.
Una familia que no asiste a una reunión no siempre es una familia desinteresada en la educación de sus hijos. Detrás de una ausencia puede existir una responsabilidad laboral que a veces ponen hasta a elegir entre poder alimentar a sus familias o quedar mal en la escuela, dificultades de transporte, familiares o muchas otras circunstancias que desconocemos.
La pregunta para quienes dirigimos las escuelas, entonces, no debe ser únicamente: ¿por qué las familias no vienen?
También debemos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para facilitar el acercamiento de las familias a la escuela?
La tecnología acerca la escuela a la familia o la familia a la escuela
Hoy disponemos de herramientas que hace algunos años no teníamos.
Muchas escuelas ya usan los grupos institucionales de WhatsApp por grados, cursos o secciones; correctamente administrados, pueden convertirse en excelentes canales para informar, orientar y mantener vinculadas a las familias.
Algunos integramos Las videollamadas y reuniones virtuales, estas pueden permitir que un padre o una madre que no pueda abandonar su trabajo participe en determinados encuentros. Los formularios digitales pueden ayudarnos a conocer necesidades y opiniones; las llamadas telefónicas permiten atender situaciones particulares; y los mensajes de voz pueden facilitar la comunicación con familias que presentan determinadas dificultades para acceder a información escrita.
No se trata de sustituir el encuentro presencial.
Se trata de comprender que la tecnología puede ayudarnos a acortar la distancia entre la escuela y las familias.
Naturalmente, estos medios deben utilizarse con responsabilidad, protegiendo la privacidad, estableciendo normas claras de comunicación y respetando los horarios de docentes, familias y demás integrantes de la comunidad educativa. Sabiendo, además, que no todos los contextos son favorables para estos.
Una familia cercana fortalece la gestión y el liderazgo
Acercarnos a las familias produce resultados que trascienden la comunicación.
Cuando una familia conoce su escuela, comprende mejor sus decisiones.
Cuando comprende, aumenta la confianza.
Cuando existe confianza, aumenta la motivación y a su vez la participación.
Y cuando existe participación, la escuela tiene mayores posibilidades de enfrentar colectivamente sus desafíos.
Una relación sólida con las familias puede favorecer el acompañamiento académico de los estudiantes, mejorar la convivencia y la disciplina, permitir la identificación temprana de situaciones que requieren atención y facilitar la búsqueda conjunta de soluciones.
La comunidad también posee conocimientos, experiencias, instituciones, profesionales y recursos que pueden convertirse en importantes aliados del centro educativo.
Por eso debemos fortalecer nuestras Asociaciones de Padres, Madres y Amigos de la Escuela (APMAE), juntas de centro y demás espacios de participación comunitaria, no únicamente cuando necesitamos resolver un problema, sino como aliados permanentes del proyecto educativo y la toma de decisiones.
El respaldo también se construye cada día
Existe otro aspecto sobre el cual debemos reflexionar quienes ejercemos como directivos en la escuela.
La confianza que construimos durante años puede convertirse, en momentos difíciles, en una importante fuente de respaldo institucional.
Cuando surge una situación compleja, una controversia o una necesidad que afecta al centro educativo o a su gestión, resulta muy diferente enfrentarla en una comunidad que desconoce nuestro trabajo que hacerlo acompañado por familias que conocen cómo hemos actuado, han participado de nuestros procesos y pueden dar testimonio de nuestra trayectoria como lideres de su escuela.
Pero ese respaldo tiene que ser legítimo.
No debe buscarse exclusivamente en un momento para enfrentar personas, organizaciones o autoridades. Debe surgir espontáneamente del reconocimiento de una gestión transparente, cercana, participativa, diligente y respetuosa.
Por eso hay una idea que considero fundamental:
El respaldo de la comunidad no se busca cuando aparece el problema; se construye mucho antes de necesitarlo.
Se construye cuando escuchamos.
Cuando rendimos cuentas.
Cuando explicamos nuestras decisiones.
Cuando reconocemos nuestros errores.
Cuando permitimos la participación.
Cuando tratamos con dignidad a las personas.
Y, sobre todo, cuando las familias comprenden que las puertas de su escuela están abiertas para ellas.
La familia no es visitante de la escuela
Debemos superar definitivamente la concepción de que las familias simplemente “visitan” el centro educativo.
La familia no debe sentirse como visitante en la escuela; debe sentirse parte de ella.
Una buena gestión no se construye exclusivamente desde la oficina del director. Se construye junto a docentes, estudiantes, personal administrativo y de apoyo, familias, organizaciones comunitarias y todos aquellos que comparten la responsabilidad de educar.
Cada director y directora debe preguntarse periódicamente: ¿conocen las familias lo que estamos haciendo?, ¿las escuchamos?, ¿disponemos de canales efectivos para comunicarnos?, ¿participan en las decisiones que les corresponden?, ¿sienten confianza para acercarse a nosotros?
Las respuestas a estas preguntas también dicen mucho sobre la calidad de nuestra gestión.
Una escuela que se gana la confianza de sus familias y de su comunidad no está sola. Ha construido alrededor de sus estudiantes una red de cooperación, corresponsabilidad y apoyo que puede convertirse en una de sus mayores fortalezas.
A nuestros directores y directoras les invito a seguir acercándose a su gente. A escuchar más. A comunicar mejor. A utilizar inteligentemente las herramientas digitales, a recibir periódicamente sus estudiantes en la puerta a la hora de entrada, a salir de caminata por los pasillos y áreas. A fortalecer los espacios de participación y, sobre todo, a construir confianza cada día.
Porque podemos disponer de excelentes tecnologías y múltiples canales de comunicación, pero ninguna herramienta sustituirá aquello que verdaderamente une a una comunidad educativa: la confianza, la transparencia, la empatía y el respeto.
Y cuando escuela, familia y comunidad aprenden a caminar juntas, no solamente fortalecemos la gestión del centro educativo: creamos mejores condiciones para que nuestros estudiantes aprendan, crezcan y construyan su futuro.
Agradecemos que nos dejes tus comentarios sobre este artículo, tu realidad y aportes.
ASONADEDI-RD
Compromiso, unidad y trabajo.


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